Una anécdota mas vergonzosa que graciosa.

Homeless 1Hace unos cuantos años, ya viviendo en Miami, me pasó algo de lo que me avergüenzo.

Cuando tengo cosas que donar, generalmente las meto en una bolsa y las pongo en el auto. A veces me acerco a una institución con la que simpatizo. Ese es otro capítulo que pueden leer en este mismo blog, o simplemente le doy las cosas a alguna persona en situación de calle si veo que pueden usar lo que tengo.

Una mañana salía del estacionamiento de un supermercado cuando veo un hombre revolviendo la basura. Frené el auto inmediatamente y me acerqué con la bolsita. Tenía apariencia de latino, así que le hablé en castellano mientras le ofrecía una bolsa con ropa de niña, de mujer y otras cosas, preguntándole si le servía para él o su familia. El me miró fijo, con cara de no entender, así que le hablé en inglés. El siguió sin contestar. Tenía cara de estar perplejo. No pensando mucho al respecto y probablemente apurada como siempre le entregué la bolsa, me metí en el auto y salí de allí, no sin antes mirarlo por el espejo retrovisor.

Así vi que él puso la bolsa de mis donaciones dentro de la basura que antes estaba supuestamente examinando. Desde ese ángulo, logré ver que detrás de él, había un carrito de ése tipo que usan para llevar cosas. En éste caso para llevar bolsas de basura. El hombre era un trabajador del supermercado, y no estaba haciendo otra cosa que, vaciando los basureros, y poniendo bolsas de residuos nuevas.

Mi colección de prejuicios: pensar que era un hombre que no tenía hogar, que era latino, que quizás no contestaba porque tenía alguna enfermedad mental, que tenía que aceptar mi dádiva, me enseñaron más de una lección.

Me fui de allí lo más rápido que pude, demasiado avergonzada como para pedirle perdón. Imagino que el pobre hombre habrá pensado, larga y profundamente en mi madre…

Cuidado a Quien Donas tu Dinero o lo que Ya No Necesitas.

Donar plata
Circulan por Internet todo tipo de informaciones falsas sobre los salarios de los presidentes de organizaciones sin fines de lucro, de los porcentajes de las donaciones que realmente llegan a ayudar y mucho más.
Sólo por darte un ejemplo, esas cadenas dicen que el CEO de UNICEF, Caryl M. Stern, gana un millón doscientos mil dólares anuales (o cien mil mensuales), más todos sus gastos pagos, incluyendo un Rolls Royce. Y para peor -asegura la misma fuente- menos de 5 centavos de cada dólar donado va a la causa.
La realidad parecería ser otra: su salario sería de menos de medio millón anual, con una eficiencia del 91% a la causa y no la reportada del 14% de los ingresos a la organización derivando en caridad. UNICEF también aclaró que ningún miembro de UNICEF recibe autos, y menos un Rolls. Hasta aquí vamos bien.

Otro caso es el de GOODWILL INDUSTRIES. El presidente no es Mark Curran como aseguran los mails circulantes ni gana 2.3 millones de dólares. El CEO es Jim Gibbons y la última información, de 2011, aseguraba un sueldo anual de 725 mil dólares. Igual no está nada mal.

¿Porque escribo esta nota? Porque mas allá de los altos sueldos que ganan estas personas que trabajan en empresas “sin fines de lucro”, los beneficios no siempre llegan a destino y muchas veces, como en el caso de GOODWILL, sus empleados son miserablemente explotados por algunas leyes o regulaciones que siguen en vigencia y que deberían ser abolidas de inmediato.

Un video realizado por NBC News en 2013, me convenció de jamás volver a donar nada ni comprar nada de ese lugar y de pasar la voz a quien quiera escucharme. Desafortunadamente el video, está sólo en inglés, pero en él vemos como muchas de las miles de personas que trabajan en sus tiendas de venta de donaciones, la mayoría de las cuales tienen discapacidades, ganan menos del salario mínimo (que ya de por si es muy bajo), e incluso hasta 22 centavos por hora. Sí, leyó bien.
Un proyecto de ley llamado la Ley de Transición a un Empleo Significativo Integrado o TIME por sus siglas en inglés, introducido al congreso en enero de 2015 intenta derogar una ley de 1938 que increíblemente sigue en vigencia.
En su versión original, ésta requiere que los empleados con discapacidad en industrias competitivas ganen al menos el 75 % del salario mínimo. En 1966, el requisito se redujo a 50 %. Finalmente, en 1986 el piso fue removido por completo, allanando el camino para que las personas con discapacidad (pero habilidad para trabajar) lo hagan por, literalmente, unos centavos, y que esto sea completamente legal.
No voy a decirle a nadie que es lo que debe hacer con sus donaciones. Solo que, por favor, se informen bien.

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