El Gobierno Es Como Una Madre

2183247h765Con ese acido y negro sentido del humor que me caracteriza, alguna vez le dije a mi hija: “quiero que sepas que te amo tanto, que nada de lo que hagas, aún si te convirtieras en una asesina serial, me haría amarte menos”. Por suerte, ella no sólo sobrevivió a ésta madre y hasta heredó un poco del humor, sino que salió una chica diez y no una delincuente.

Ese sentimiento, me llevó a comprender cómo madres de verdaderos criminales los defendían y los amaban más allá de sus horrendas opciones y circunstancias.

De alguna forma, los últimos años de la política en Argentina, han transmitido una especie de sensación de pertenencia familiar, donde la presidenta de todos los argentinos, fue percibida por muchos de ellos como una madre o como una hija. Este paternalismo mediante el cual la administración nacional, también llamada gobierno, se encargaba de todo, y los niños buenos se callaban mientras los mayores hablaban, pedían permiso para levantarse de la mesa y se iban a dormir con los dientes cepillados a la hora que les correspondía, dejó sus huellas psicológicas.

Esta especie de “síndrome de Estocolmo” es lo único que me permite -intentar al menos- comprender cómo es posible que después de ver la evidencia más gráfica posible en forma de documentos, filmaciones y testimonios, muchos siguen defendiendo ciegamente a los acusados. Y hasta amenazando al poder institucional y democrático en el caso de que “Mamá Cristina” sea llamada por la justicia.

Que después que varios jueces de la nación confesaran públicamente haber estado amenazados y tener miedo por sus familias, después que una diputada dijo “ahora que Báez está preso, me animo a decir que mi familia y yo estábamos amenazados y en peligro”, después que un fiscal de la nación fue impunemente asesinado, que la estructura del país se cae a pedazos, que las arcas fueron dejadas vacías, que la educación bajó a niveles inaceptables, que los jubilados han sido burlados después de una vida de trabajo, mientras condenados por delitos cobran más que ellos y una lista interminable de atropellos comprobables…hay millones (¿seguirán siendo millones?) que se niegan a despegarse del discurso manipulador, populista y mentiroso de los gobiernos de los Kirchner e intentan contraatacar con el tema #PanamaPapers de Macri. No solo no hay ilegalidad con el tema de las empresas en paraísos fiscales, sino que tampoco hay comparación. Como dijo Joaquín Morales Solá, “El acorralado kirchnerismo está, a su vez, interesado en propagar lo mismo, en crear la certeza colectiva de que, en todo caso, Macri es tan corrupto como el matrimonio Kirchner”.

Tengo que confesar que cuando Néstor Kirchner dijo que los 700 millones de su provincia habían sido depositados en Suiza para salvaguardarlos, caí en la trampa de creerle. Por admisión de la propia ex presidente, se sabe que esos fondos “se esfumaron”. Y ya no eran 700 sino mas de 1100 millones. Dinero del pueblo. Esfumado.

Hoy, no estoy segura de nada. Ni siquiera de que la ex presidenta sea realmente abogada, ni del motivo de la muerte de Néstor, ni de nada de nada.

De lo que sí estoy segura es de esto: el pueblo argentino quiere, necesita y merece condenas a los corruptos, devolución de fondos mal habidos y un nuevo comienzo donde sea posible soñar con un futuro mejor para sus hijos.

Nuevo Gobierno en Argentina

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Quizás seas muy joven para recordar las elecciones de 1983, cuando Ricardo Alfonsín accedió a la presidencia. Éramos un grupo de jóvenes amigos, en una noche inusualmente fresca en la provincia de Buenos Aires, esperando y festejando cada vez que nos llegaban más y más datos anunciando ese cambio tan esperado. Después salimos a la calle en auto, y todo el mundo, a los bocinazos, festejaba riendo y bebiendo, el triunfo de Alfonsín. Luego vinieron los problemas: su enfrentamiento con los militares, con los terroristas, la hiperinflación, el levantamiento de los carapintadas y tantos problemas más. Su final como mandatario no fue feliz.
Por eso a la euforia de hoy de muchos argentinos, les advierto que hay que disfrutarla mientras dure.
La mandataria saliente no está dejando un país fácil de gobernar, ni hay una población contenta por el triunfo de un cambio en un cien por ciento.
Las cifras finales (estoy escribiendo esto antes de los resultados oficiales de la noche) determinarán que hay millones de compatriotas que no están festejando.
Quienes pierden poder político o quienes pierden poder de cualquier tipo, no están contentos. Y una parte enorme de la población que creyó los discursos mentirosos, o que vive del estado y ha sido azuzado con campañas intimidatorias de todo tipo, están tristes y asustados.
También existen aquellos que –al menos hasta hoy- se animaban a publicar en redes sociales cosas como esta: “no lo vamos a dejar gobernar” o “seré muy critico” o “si ganan los sacaremos de la casa rosada”. Estoy segura que esa gente no está tomando champagne. Y esa es la gente a la que hay que conquistar con hechos, con cambios positivos.
A quienes complotan contra un gobierno democráticamente elegido, hay que arrestarlos. A los demás, hay que ganarlos a fuerza de sonrisas, palabras y hechos. O sea: todo lo contrario de lo que hizo el gobierno saliente, creando un clima de virtual guerra civil.
Cuando las aguas se calmen, y ya hayan robado todo lo que podían haber robado (he visto fotos y videos de despachos oficiales directamente vaciados con camiones de mudanza) empezará una nueva etapa, muy difícil y sacrificada, pero absolutamente necesaria. Si Japón y Alemania se recuperaron y lograron convertirse en potencias después de la segunda guerra mundial, Argentina también puede. Seguro.
En las palabras de la inauguración presidencial de John F. Kennedy: ”Mis conciudadanos, no pregunten que es lo que su país puede hacer por ustedes…pregunten que es lo que ustedes pueden hacer por su país”.

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