Mujeres Guerreras. Mi Nueva Serie

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Mujeres Guerreras
En 2017 seguimos hablando de mujeres oprimidas, asesinadas por sus parejas, explotadas laboral y sexualmente, cobrando menos sueldo que un hombre que hace el mismo trabajo, con muchas menos posibilidades de acceder a puestos de poder.

Aun así, seguimos. No nos dejamos vencer. Con humor y con amor continuamos ejerciendo los miles de oficios que nos asignan, nos ponemos montones de sombreros diferentes por día y traemos un sueldo a la casa mientras curamos algunas heridas con curitas y de las otras con caricias, doblamos y acomodamos la ropa limpia donde corresponde, alimentamos a la tropa como gourmets, damos ánimo a quien lo necesite, somos profesoras de matemática, costureras, consejeras, sargentos primeras y psicólogas. Expertas en encontrar las mejores ofertas y en exagerar las virtudes ajenas. Somos las únicas capaces de encontrar una media perdida, una solución a la tarea, un disfraz a último momento y una palabra de aliento para nuestro descorazonado compañero.
Esas somos las mujeres.
En esta serie “Mujeres Guerreras”, pondré el foco en casos particulares de mujeres que han superado todos los obstáculos, así como en otras que pueden haber tenido más oportunidades y que las han aprovechado para el bien.

A continuación la primera de las “Mujeres Guerreras”

Hace unos 20 años estaba en la sala de espera del kinesiólogo argentino Norberto Furman, leyendo una revista. Allí entrevistaban a una mujer humilde que dedicaba su vida a ayudar a otros tan humildes como ella.
Era Mónica Carranza y su organización se llamaba “Los Carasucias”.
Esta mujer con sólo 9 años quedó huérfana junto a sus 10 hermanos luego de lo cual fueron separados y enviados a distintas instituciones. Imaginen lo mal que la estaba pasando que con esa tierna edad se escapó y terminó viviendo en la calle, donde atravesó por todo tipo de vejaciones. Ya de adulta y para evitar que otros niños pasarán por situaciones similares, hipotecó su casa y creó esta fundación.
En lo del kinesiólogo recorté el pié de página donde estaban sus datos (no había teléfonos inteligentes en esa época) y me lo llevé. Pronto cumpliría años y se me ocurrió que en vez de que me trajeran regalos, mis amigos (habría 150 invitados) donaran dinero para ella. Así recaude 1800 pesos que en ese entonces eran 1800 dólares y le pedi que venga al final de la glamorosa fiesta. Entonces conocí a ése ser humano tan sencillo como maravilloso. Aun conservo la cartita que dictó a su marido -ya que no sabía leer ni escribir-, para mi boda, antes de nuestra emigración a los Estados Unidos en el 2002. Mantuvimos contacto hasta su muerte por cáncer en diciembre de 2009.
Cuando una mujer tiene al mundo en contra suyo y utiliza sus desgracias para luchar, salir adelante y ayudar a que otros la pasen mejor de lo que la pasó ella, en mi opinión, son la definición del héroe.
Mónica Carranza alimentó en sus comedores a tantos miles de humanos olvidados de la sociedad: los hambrientos, los desamparados, los enfermos de sida, los enfermos mentales. Nunca aprovechó lo que recibía en beneficio propio y lamentablemente se fue demasiado temprano, con solo 63 años vividos con una intensidad de heroína de película. Luchó por mucho tiempo contra su cáncer convencida de poder vencerlo como lo había hecho con tantas batallas, pero su Jesús amado aparentemente decidió que ya era momento de descansar en paz. ¡Esperemos que así sea querida Guerrera!
Para ayudar: https://www.facebook.com/fundacioncarasucias/

A Short and Indignant Story. Una Historia Corta e Indignante.

Last October my mother Rosita was feeling pain. A deep and sharp pain. A friend took her to see her doctor (I’ll live to regret not taking her myself…)
Her doctor was not there so Dr. Ydania Santaclara “saw” her. And by that I mean exactly that – she just saw her. She did not examine my mom, did not ask her to take her clothes off, and did not touch her at all. Rosita, at her most vulnerable moment, was also mistreated by nurses who, seeing that the pain made it very hard for her to even walk, made her walk a long corridor to get to a wheelchair, instead of bringing the wheelchair to her.
She was “diagnosed” with osteoarthritis. Just like that.
Well, it turns out that she did not have that condition. She had the painful virus known as “shingles” or Herpes Zoster. As a consequence of the misdiagnosis, she was given the wrong medication, including one that is not recommended for elderly patients (she was 91) because it can provoke a dangerous blockage of the urinary tract. Guess what? A day after her visit to that doctor, I took her to the emergency room not only with a full blown case of shingles (which I identified on the spot and I’m certainly not a doctor), but also with a urinary blockage that gave my mother more excruciating pain, added to the excruciating pain she already had. From that point on things just got worse and worse and, 4 days later she was dead. The hospital’s doctor, Rafael Crespo, gave her a lot of pain medication, including morphine, but didn’t do enough for her to evacuate her intestines inspite of my insistence. A blockage of the intestines and later necrosis of the intestines was the cause of her death. If you know anything about pain medication you know that it will cause constipation.
Rosita was a woman who was living alone, was able to go shopping, to cook for herself and others, who was teaching sculpture and helping 3 times a week with an exercise class for the elderly, but now suddenly, she was dead.
And now, the clinic that was the cause for her demise, Venamer on Coral Way, is sending her, or me, the “outstanding bill” for the amount of $1.03 dollars.
And the hospital that made things worse, University of Miami Health System, is also sending a bill for $314.92
I need your help my friends. Should I send them that money or should I do something else?

Una Historia Corta e Indignante
El pasado mes de octubre mi madre estaba sintiendo dolor. Un dolor profundo y agudo. Una amiga la llevó a ver a su médico (viviré por el resto de mi vida con la culpa de no haberla llevado yo).
Su médico no estaba allí, así que la Dra. Ydania Santaclara “la vio”. Y quiero decir exactamente eso: simplemente la vio. Ella no examinó a mi madre, no le pidió que se quitara la ropa, no la tocó en absoluto. Rosita, en su momento más vulnerable, también fue maltratada por las enfermeras que, al ver que el dolor le hacía difícil caminar, la hicieron atravesar un largo pasillo para ir hacia una silla de ruedas, en lugar de llevarle la silla de ruedas a ella.

Ella fue “diagnosticada” con osteoartritis. Así nomás. Bueno, resulta que ella no tenía ésa condición. Tenía el doloroso virus herpes zoster. Como consecuencia del diagnóstico erróneo, se le administró la medicación equivocada, incluyendo una que no se recomienda para pacientes ancianos (tenía 91 años) porque puede provocar un peligroso bloqueo del tracto urinario. ¿Adivinen qué? Un día después de su visita a esa doctora, la llevé a la sala de emergencias no sólo con una explosión de ampollas que identifiqué inequívocamente en el momento como herpes, y ciertamente no soy médico, sino también con un bloqueo urinario que dio a mi madre un dolor insoportable añadido a otro dolor insoportable. A partir de ese punto las cosas empeoraron rápidamente y 4 días más tarde estaba muerta. El médico del hospital, Rafael Crespo, le dio muchos analgésicos incluyendo morfina y no hizo lo suficiente para que evacuara sus intestinos a pesar de mi insistencia.
Un bloqueo de los intestinos y una posterior necrosis de los intestinos fue la causa de su muerte. Si sabes algo sobre medicamentos para el dolor, sabes que causarán estreñimiento.
Rosita era una mujer que vivía sola, iba de compras, cocinaba para sí misma y para otros, enseñaba escultura, cosía, ayudaba 3 veces a la semana con una clase de ejercicio para los ancianos, y de repente estaba muerta.
Y ahora, la clínica que fue la causa de su fallecimiento, Venamer en Coral Way, está enviándole, o enviándome a mi, la “factura pendiente” por la cantidad de $ 1.03 dólares. Y el hospital que empeoró las cosas, el Sistema de Salud de la Universidad de Miami, también está enviando una factura por $ 314.92
Necesito su ayuda mis amigos. ¿Debo enviarles ese dinero o debo hacer otra cosa?

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El Luto y La Risa

img_1829 Para mi era muy curioso ver a mis abuelos discutir. En casa, jamás presencié algo así de mis padres.
Mi abuelo paterno, nacido en 1889, era un gaucho ruso que viajó en la última diligencia de correo de La Pampa, vio la piedra movediza de Tandil antes de que se cayera en 1911 y tantas historias más que nunca volveré a escuchar…ni a recordar…
Se casó con mi abuela Sofía cuando ella, una delicada flor que estudiaba violín y varios idiomas, tenia nada más que 15 años. Tuvieron 3 hijos y una hija.
Mi papá, Adelino, era el mayor.
León era una roca, un hombre rudo y fuerte y le gustaba comer la comida a una temperatura que quemaría a un samurái. Mi abuela literalmente sacaba la olla con sopa de la hornalla en medio del hervor, así como estaba la llevaba a la mesa, con cucharón metálico le servía a mi abuelo quien sin esperar a nadie la probaba y comentaba: “está fría”. Ahí empezaba la discusión. Si creen que exagero para obtener un resultado más dramático o cómico, les aseguro que no. La que sabía de fechas y datos era mi mamá Rosita. Con su fallecimiento he perdido el Archivo General de la Nación, así que no sé cuántos años estuvieron casados pero cuando Sofía murió de enfisema pulmonar (sin haber fumado jamás) León declaró que “no volvería a sonreír”. Que no tenía más motivo para hacerlo. La “roca” decidió entonces que se dejaría morir (¿de amor?) y como era un hombre tan fuerte tardó unos años pero lo logró. Igual llegó a cumplir 93. Reitero que sin Rosita puedo equivocarme en todos los datos pero recuerdo que a los 91 todavía iba a trabajar en autobús (se negaba a la oferta familiar de un chofer) al negocio de mi padre y uno de mis tíos, donde como cajero descubrió que un empleado estaba robando dinero. Tenia todas sus facultades mentales intactas.
¿A que viene toda ésta historia? A que desde que falleció mi mamá, hace apenas 15 días, me he reído varias veces…pero cada vez que lo hago siento como un dolor en la boca del estómago. Y pienso en ella. Pienso en su última hora de vida y en sus últimos minutos. Veo una y otra vez su cara de preocupación con los ojos abiertos de par en par antes que la operaran para ver si se podía hacer algo por salvarla. No estoy segura que estuviese al tanto de sus circunstancias. No sabía si me escuchaba. Parecía estar “ida”. Pero ahora estoy convencida de que sí escuchaba y entendía si no todo, casi todo. Pienso una y otra vez en cómo desperdicié esa oportunidad de decirle tantas cosas.
Y cuando salió de la operación, ya con sus ojos cerrados que nunca volvería a abrir, le hablé y le dije tantas veces que la amaba, que la extrañaría y también le pedí perdón por muchas cosas, hasta que entró una enfermera que no tenía nada que hacer allí y me dijo: “lo último que se va es la audición. Ella te escucha”. A partir de ese momento volví a repetirle una y otra vez cuánto la amaba y le pregunté si escuchaba. Casi imperceptiblemente movió la cabeza de arriba hacia abajo en señal afirmativa. Por suerte Santi había llegado y fue testigo. No me lo estaba imaginando. Seguí hablándole hasta cuando unos minutos después dejó su cuerpo, y lo hice por varias horas más, mientras lloraba desconsoladamente, la abrazaba y besaba sin parar.
Nunca sabré qué quiso decirme cuando aún tenía los ojos abiertos. Quizás que no quería morirse. Quizás que no le importaba morir porque volvería a estar con su amado esposo, sus dos hijas fallecidas, sus seres queridos muertos antes que ella. Quizás quería decirme que no me preocupara por ella, que estaba en paz. Quizás que lamentaba no poder cumplir con la promesa que nos hizo a Nicole y a mi que viviría hasta los 100. Nunca sabré la respuesta.
Lo que sí sé es que por ahora, aun el cómico más espectacular del mundo no me sacará una carcajada.

Foto: es la escultura que hizo de mi papá, a pedido mio. Se rompió en mil pedazos cuando la horneaba, algo que nunca le habia pasado.Quizás mi padre se negaba a ser inmortalizado…

Adictos al Conflicto

Angry twenty something couple yelling at each other

Hay un viejo chiste que me encanta.

Se encuentran dos personas y una le pregunta a la otra: ¿cual es tu fórmula para la felicidad?

El segundo contesta: “nunca discuto”.

El primero retruca: “¡cómo! ¡Eso es imposible!”

A lo que el segundo dice: “Tienes razón. No será eso entonces”.

Ojalá pudiese usar la sabiduría de ese cuentito más seguido. Hay muchas personas que hacen exactamente lo contrario. Son como seguidores de la secta de “Adoración del Conflicto”.

Todos hemos conocido alguna pareja que permanece junta a pesar de constantemente verse involucrada en peleas, conflictos y hasta agresiones muy desagradables e incómodas de presenciar.

Claro que “se necesitan dos para bailar el tango”. Tiene que haber una voluntad de ambas partes para que exista un conflicto. Alguien lo inicia, pero si la otra persona no logra o intenta al menos cortarlo desde la raíz, irá escalando. No hablo de ninguna forma de una relación abusiva, en la cual un hombre, por ejemplo, llega a su casa, inventa una historia supuesta basada en sus dudas o inseguridad o enfermedad de celos y ataca a una mujer indefensa. No. Hablo de parejas o personas que pueden ser hermanos o madre e hija o hijo, quienes siempre tienen una razón para enfrentarse. Quizás un compañero de trabajo o hasta alguien a quien sólo conocemos a través de las redes sociales y que jamás tiene algo positivo para decir…aunque siempre tiene una opinión.

Así como hay adictos al alcohol o al cigarrillo, hay adictos al conflicto. No pueden vivir sin él y muchas veces (por no decir casi siempre) culpan a la otra persona por el origen o por la acción de la pelea.

La única solución para ese tipo de relaciones, si es que quien me lee intenta salir de una de ellas…es la separación. Uno puede tratarse, ir al sicólogo o siquiatra, tratar de hacer todo lo posible para calmar a la otra persona, pero como en toda adicción, nada cambiará hasta que el adicto decida hacer algo para modificar su conducta.

Conocí un hombre (ex amigo) a quien confrontar le daba una satisfacción personal, una especie de sensación de batalla ganada y de poder. Y hasta he tenido más de una relación personal con ésas características. Puede ser una trampa muy difícil de dejar. Pero se puede. Y de todo se aprende. En mi caso aprendí qué es lo que quiero en mi vida, y más importante aún, qué es lo que no quiero.

“Nunca te olvides de sonreír, porque el día que no sonrías, será un día perdido”. Charlie Chaplin

El Destino – De cómo un evento o una decisión, cambian el resto de las piezas de una vida.

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Estoy en un proyecto nuevo muy interesante y le hice una entrevista en video a mi propia madre (ya publicaré un enlace para verlo) en la que contó cosas que no sabía de ella.
Uno de sus hermanos (eran 5, sólo queda ella) comenzó de muy pequeño a tocar el violín. Aparentemente era un niño prodigio y su padre –mi abuelo-, quien además era cantante, decidió dejar una vida de comodidades que le prodigaba su estudio de fotografía en el interior del país, y mudarse a la Capital, Buenos Aires, para exponer a su hijo a los mejores profesores disponibles.
Como sucede a menudo, las cosas no salieron como estaba planeado: la situación económica de la familia se deterioró notablemente, pasaron necesidades de todo tipo y al tiempo, mi tío, harto del exigente régimen al que su talento lo había condenado, un día se rebeló, rompió de un golpe -al mejor estilo rock and roll- su preciado violín y eso fue el fin de su talento natural y de una probablemente brillante carrera musical.
Cuando escuché la historia, me pregunté cuán diferente habría sido la vida de mi madre si mi abuelo no hubiese tomado esa decisión.
También pensé que si mi mamá no se mudaba a Buenos Aires, ella no habría conocido a mi papá y yo no estaría plasmando lo que estoy escribiendo en este instante por la simple razón de que no existiría.
Así que, a veces, el sacrificio ajeno y propio, sirven para obtener resultados que de otra manera no existirían.
En este caso, me habría perdido de haber nacido, y eso nunca jamás se lo perdonaría a mi mamá.
Dedicado a mi viejita, con humor y con amor.