Mi Experiencia Con El Acoso Sexual

Con toda la ” Weinstizacion” que he leído últimamente pensé ¿“porque no hice públicas mis propias experiencias”?

Cada vez más mujeres famosas y anónimas se suman a la catarata de denuncias de acoso sexual, abuso y violaciones.

¿Cual es el requerimiento para que eso le pase a una mujer? ¿Ser atractiva? ¿Vestirse provocativamente? No. Nada de eso. El único requerimiento es ser mujer y salir de su casa a trabajar, estudiar o ambas cosas.

Muchas veces hombres con quienes me tocaba trabajar en mi época de modelo, desde directores a productores (siempre alguien con poder sobre una) a pesar de ser generalmente mucho mayores que yo y en su mayoría estar casados, intentaban “salir” conmigo. A veces hasta me hacían algún regalo pensando que un perfume importado doblegaría mi voluntad. Siempre fui una mujer fuerte, independiente y de armas tomar. Y eso no es una metáfora. En mis viajes de mochilera por Europa, fue una filosa navaja la que evitó posibles violaciones y salvó mi vida más de una vez. Así que nunca fui forzada a hacer lo que no quería. Pero sí soporté innumerables momentos incómodos y humillantes. Supuestos “chistes” delante de todo el equipo, como uno que recuerdo de un director publicitario: “seguro que a Lana le gustan las mujeres”. A lo que contesté: “si la única opción posible eres tu, me dedicaré a las mujeres entonces”. Todos se rieron. Menos yo. Era su forma de presionar.

Hubo dos casos muy particulares que ventilaré de una buena vez. Silenciarlo es ayudar a los abusadores.

Una vez fue con un alto ejecutivo de Telemundo de origen cubano con quien estaba negociando mi pase de Miami a New York. Confundida con su increíble amabilidad y sus múltiples ofertas de beneficios laborales (incluyendo que me pagarían mi gimnasio y hasta estacionamiento en mi casa de una de las ciudades más caras del mundo) acepté gustosa, hasta que el final de la última reunión fue sellado con un inadecuado e inesperado abrazo de parte de él, que dejó colgando la mano que le ofrecí. Un abrazo del que logré librarme luego de mi estupor inicial. Ahí me di cuenta de lo llamativo del lugar de reunión: el restaurante de un hotel. No me extrañaría pensar que ya tenía un cuarto reservado y que él seguramente asumió sería una “reacción natural” de mi parte.

C.B. no perdió tiempo. A las pocas horas me llamó por teléfono la directora del noticiero de NY y me dijo unas palabras que jamás olvidaré: “la oferta de trabajo se cerró y te aconsejo que aprendas a negociar para la próxima vez”. Sí. Una mujer le creyó inmediatamente al acosador y no me dió a mi, la acosada, la menor oportunidad de explicar nada. Me cerró la puerta en las narices.

Como expliqué antes, soy una mujer fuerte y llegué (llorando y como una rata mojada como me describiría el letrado años después) a ver a un abogado, quien me aconsejó sabiamente que “perdido por perdido”, fuera a los capos máximos de la cadena a contar lo sucedido. No tenía nada que perder y lo que si tenia eran pruebas en forma de tarjetas personales que el ejecutivo me había enviado. Me creyeron y -milagrosamente- recuperé mi trabajo. Pero al ejecutivo no lo tocaron. Incluso era un secreto a voces que tenía una amante dentro del canal de Telemundo a quien le había regalado un automóvil con fondos de la empresa. Era intocable.

Otro episodio de los muchos vividos fue con el ex presidente argentino Carlos Saúl Menem.

En 1989 trabajando como conductora del noticiero de Telemundo, entrevisté al mandatario. Más tarde recibí una llamada de un empresario amigo, M.F. quien me transmitió que Menem me invitaba a cenar en Manhattan esa noche junto a toda la delegación, incluyendo a la recientemente fallecida María Julia Alsogaray.

Menem se estaba quedando en la residencia del embajador Jorge Vázquez, ya fallecido, en la elegantísima quinta avenida. Hasta allí fui, vestida muy recatadamente con un traje y una blusa de seda sin escote, aunque sin sospechar nada. Varias limusinas nos esperaban abajo y nos llevaron a un famoso restaurante especializado en carne. Vegetariana como soy apenas comí una ensalada y bebí agua como es mi costumbre. Al finalizar la comida, me invitaron, junto con el resto de la gente –o al menos eso creí- a tomar algo a la residencia del embajador. Salimos y alguien, no recuerdo quien, indicó quien iba en cual limusina. De repente arrancamos y me encontré sola con Menem. Este riojano es carismático y muy simpático pero quiero ser clara: no lo tocaría ni con una caña de pescar. Le pregunté dónde estaban los demás y me dijo que todos irían a la residencia. Mi ser todo se tensó y se puso en estado de máxima alerta. Llegamos, bajamos y cuando pasaron 10 minutos y nadie llegó, dije que tenía que trabajar temprano, rechazando la oferta del presidente de “tomar algo”, me metí en el ascensor privado y esperé sola por un taxi en la fría y oscura noche neoyorkina. Me sentí usada, tonta y me quedó muy claro cuál fue el papel del empresario “facilitador” que me había invitado cuando al día siguiente me llamó y divertido me preguntó “cómo había sido”, asumiendo que me había acostado con el político. Amablemente le dije que nada había pasado y corté la comunicación. Aún siento una amargura en la boca cuando pienso en ese episodio. ¿Qué hubiese pasado si yo era más joven, o más tímida o menos segura de mí misma? ¿Cuantas mujeres o jovencitas no han podido tomares ese taxi salvador?

Asi como con las historias de abuso, acoso y violación del magnate hollywoodense Harvey Weinstein hay “facilitadores” (¡y facilitadoras mujeres!) que ayudan a esta cultura de la agresión, del uso de la mujer como objeto sexual, de la fuerza si es necesaria por resistirse y hasta de las drogas como el caso del violador múltiple Bill Cosby, por más que la justicia lo absuelva.

Es hora que todas las mujeres digamos basta de una buena vez. ¡Basta!

Las fotos se publicaron en medios internacionales. Esta salió en Gente de Brasil.

Mujeres Guerreras. Mi Nueva Serie

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Mujeres Guerreras
En 2017 seguimos hablando de mujeres oprimidas, asesinadas por sus parejas, explotadas laboral y sexualmente, cobrando menos sueldo que un hombre que hace el mismo trabajo, con muchas menos posibilidades de acceder a puestos de poder.

Aun así, seguimos. No nos dejamos vencer. Con humor y con amor continuamos ejerciendo los miles de oficios que nos asignan, nos ponemos montones de sombreros diferentes por día y traemos un sueldo a la casa mientras curamos algunas heridas con curitas y de las otras con caricias, doblamos y acomodamos la ropa limpia donde corresponde, alimentamos a la tropa como gourmets, damos ánimo a quien lo necesite, somos profesoras de matemática, costureras, consejeras, sargentos primeras y psicólogas. Expertas en encontrar las mejores ofertas y en exagerar las virtudes ajenas. Somos las únicas capaces de encontrar una media perdida, una solución a la tarea, un disfraz a último momento y una palabra de aliento para nuestro descorazonado compañero.
Esas somos las mujeres.
En esta serie “Mujeres Guerreras”, pondré el foco en casos particulares de mujeres que han superado todos los obstáculos, así como en otras que pueden haber tenido más oportunidades y que las han aprovechado para el bien.

A continuación la primera de las “Mujeres Guerreras”

Hace unos 20 años estaba en la sala de espera del kinesiólogo argentino Norberto Furman, leyendo una revista. Allí entrevistaban a una mujer humilde que dedicaba su vida a ayudar a otros tan humildes como ella.
Era Mónica Carranza y su organización se llamaba “Los Carasucias”.
Esta mujer con sólo 9 años quedó huérfana junto a sus 10 hermanos luego de lo cual fueron separados y enviados a distintas instituciones. Imaginen lo mal que la estaba pasando que con esa tierna edad se escapó y terminó viviendo en la calle, donde atravesó por todo tipo de vejaciones. Ya de adulta y para evitar que otros niños pasarán por situaciones similares, hipotecó su casa y creó esta fundación.
En lo del kinesiólogo recorté el pié de página donde estaban sus datos (no había teléfonos inteligentes en esa época) y me lo llevé. Pronto cumpliría años y se me ocurrió que en vez de que me trajeran regalos, mis amigos (habría 150 invitados) donaran dinero para ella. Así recaude 1800 pesos que en ese entonces eran 1800 dólares y le pedi que venga al final de la glamorosa fiesta. Entonces conocí a ése ser humano tan sencillo como maravilloso. Aun conservo la cartita que dictó a su marido -ya que no sabía leer ni escribir-, para mi boda, antes de nuestra emigración a los Estados Unidos en el 2002. Mantuvimos contacto hasta su muerte por cáncer en diciembre de 2009.
Cuando una mujer tiene al mundo en contra suyo y utiliza sus desgracias para luchar, salir adelante y ayudar a que otros la pasen mejor de lo que la pasó ella, en mi opinión, son la definición del héroe.
Mónica Carranza alimentó en sus comedores a tantos miles de humanos olvidados de la sociedad: los hambrientos, los desamparados, los enfermos de sida, los enfermos mentales. Nunca aprovechó lo que recibía en beneficio propio y lamentablemente se fue demasiado temprano, con solo 63 años vividos con una intensidad de heroína de película. Luchó por mucho tiempo contra su cáncer convencida de poder vencerlo como lo había hecho con tantas batallas, pero su Jesús amado aparentemente decidió que ya era momento de descansar en paz. ¡Esperemos que así sea querida Guerrera!
Para ayudar: https://www.facebook.com/fundacioncarasucias/

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