Cómo Matamos Al Monstruo Antes Que Nos Mate?

Marzo 31, 2017 Categorías: Medio Oriente Por: Ana Jerozolimski
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Lo miro y lo miro y aunque a esta altura deberíamos estar curados de espanto, no puedo dejar de horrorizarme. Lo miro y se me hace una y otra vez un nudo en la garganta. Miro las caritas y también ahora que las recuerdo, se me caen las lágrimas.
Estos días está circulando un video difundido por Vice News, sobre el reclutamiento de niños en Siria para las filas de Jabhat el-Nusra, uno de los principales grupos fundamentalistas islámicos que combaten al régimen de Bashar el-Assad. Esos niños son separados de sus familias, en algunos casos habiendo sido entregados por sus propios padres a los yihadistas, adoctrinados en un campamento de Al Nusra, para prepararse a ser”mujahidin”, o sea “combatientes de la jihad”, de la guerra santa.
Nos hemos acostumbrado en los últimos años a que se vea a Daesh, o sea el Estado Islámico (ISIS), como sinónimo del mal, como la peor amenaza al mundo libre. Claro está que se ha ganado claramente esta imagen.
Pero sería un craso error olvidar a todos los demás. El problema no es solamente esa organización, sino la ideología que lo mueve, compartida por todos los grupos fundamentalistas islámicos. Se han apropiado del Islam, hablan en su nombre y asesinan también a los creyentes en Alá que no concuerdan con sus prácticas extremistas. Y una de ellas, es la preparación de los niños como asesinos.
“Vamos a combatir a los judíos. Nuestros destino, el jihad”, grita uno y todos repiten al unísono. “Nuestra constitución, el Korán”, agrega el primero y el coro le sigue. Todos niños que nos parecen de no más de 8 años aproximadamente. Van en ómnibus como quien viaja a un campamento de verano con sus amigos. “La voluntad de Alá será que estos niños establezcan el Califato, siguiendo las tradiciones del Profeta, que cumplan las enseñanzas de la Jihad”, dice un hombre de barba que va con el grupo y que minutos antes se había declarado “orgulloso” de pertenecer a Al Qaeda, la organización madre de la cual salió Al Nusra.
“Vine aquí para convertirme en combatiente de la jihad”, dice uno de los niños entrevistado por alguien cuya voz se oye pero no aparece en pantalla. “¿Cómo llegaste aquí?”, pregunta la voz. “Mi familia me obligó”, responde uno con sinceridad. “Mis padres me enviaron”, dice su amigo. “Esto me ayuda a prepararme para el día del juicio”, afirma uno, y pensamos que seguramente ni entiende de qué habla.
Uno de los niños nos impacta en especial. Hermosísimo, de ojos enormes y expresión entre ingenua y pícara, con una sonrisa conquistadora. Lo imaginamos lejos de su hogar, desconectado de sus padres y hermanos, de sus amigos, de su entorno, y se nos estruja el corazón. Parece no entender dónde está y disimular todo con esa singular sonrisa. “¿Qué quieres hacer aquí?”, le pregunta la voz. Responde algo tímidamente, en voz baja. Le piden que repita. “Quiero ser un combatiente suicida”.
El horror de esta situación se manifiesta por varias vertientes.
En primer término, cuando arrancan a estos niños de sus vidas y sus familias.
Lo peor, claro está, al entrenarlos para convertirse en soldados violentos, en suicidas y así, en asesinos. Y de esto deriva la otra dimensión: convierten a pequeños niños, que merecerían vivir, crecer, desarrollarse, en enemigos a los que hay que frenar.
Los jihadistas están convencidos de que con ello están creando una generación superior y más pura de combatientes de Alá, ya que los indoctrinan desde pequeños en las “enseñanzas” del Islam radical . DAESH por su parte, ha sofisticado más aún esta práctica, secuestrando a centenares de niños pequeños y exponiéndolos desde muy temprana edad, ya como a los cuatro años, a filmaciones de operaciones jihadistas, a imágenes violentas y de decapitaciones, para que lo vean como lo más normal. Tiempo atrás, cabe recordar, había circulado inclusive un video en el que se encomendaba a niños a degollar.
En un artículo del analista Lawrence A-Franklin en Gatestone Institute, publicado en setiembre del 2014 bajo el título “Niños como bombas suicidas en los países islámicos”, cita a una figura islamista de Pakistán encargada de reclutar niños para convertirse en bombas humanas, diciendo que son “herramientas proporcionadas por Alá”.
También a un clérigo islamista en una “madrasa” , escuela de varones, diciendo que “los niños suicidas son un obsequio de Alá que tenemos en números ilimitados, dispuestos a ser sacrificados para dar una lección a los americanos”.
Los crían con odio al mundo occidental, los indoctrinan en un permanente sentimiento de victimización por supuestas culpas de Occidente , inculcándoles que matando a “los infieles” ganan un lugar en el Paraíso , pasan a un mundo mejor y traen gloria a sus familias, las mismas de las que los arrancaron para convertirlos en monstruos.
El año pasado, investigadores de Quilliam, un centro de investigaciones del extremismo con base en Londres, preparó un informe sobre el reclutamiento de niños por parte de Daesh y su entrenamiento para la guerra santa, que se presentó ante las Naciones Unidas. El informe, titulado “Los niños del Estado Islámico” (Children of Islamic State) recalca que debido a que los niños en cuestión se convierten desde muy pequeños en parte de la organización, crecen con “una mayor comprensión del Islam y por ende se convierten en combatientes más brutales, ya que son entrenados en la violencia desde temprana edad”.
Se ha escrito ya sobre la normalización de la brutalidad a la que Daesh acostumbra a estos niños, obligándolos a tener en sus manos cabezas decapitadas y a jugar al fútbol con ellas. Recordamos una entrevista que realizamos hace algunos meses con la israelí Lisa Miara, que realiza una gran labor humanitaria ayudando a los yazidíes víctimas de Daesh en Irak, uno de cuyos terribles relatos fue el de una madre yazidí cuyo hijo fue obligado a jugar con ojos que habían arrancado a una víctima.
Todo esto, como es natural, horroriza a cualquier persona normal.
Pero no nos confundamos: el peligro de fondo no es solamente tal o cual práctica que por la combinación de la crueldad con la tecnología moderna y la difusión por las redes sociales, alcanza a crear un gran impacto.
El verdadero problema es la idealización de la muerte, mediante el asesinato de inocentes, como camino hacia un mundo mejor. Recordamos el pronunciamiento del otrora ministro del Interior de Hamas en Gaza, diciendo “nosotros adoramos la muerte, como ellos adoran la vida”. Eso es peligroso y letal, también cuando no ruedan cabezas.

To be black in the US. Ser negro en EEUU

DSC01587Just let me put it this way. We live in the US. If my daughter, who is white (or Latino for some) was a black boy, or if my fiancée, who is a white man (or a Latino one to some) was a black man, I would be scared to death everyday. Every time they walk out the door, I would be worried that I may never see them alive again.

How is this becoming the “new normal”? How is it that police officers in other civilized countries are trained to un-escalate situations and in the US they seem to be trained to kill as a way to control the situation?

Just imagine for a second that those young and not so young black men are your children, your husband, your brother, your father.

Just imagine it for a second.

I’m not defending criminals. Of any color or race. I’m talking about racism in its worst expression.

You are black, so I assume you are bad, you are dangerous, you are armed and are out there to harm me. So my heart accelerates, so I grab my weapon, so I’m ready to defend myself even if you are not going to attack me, so I fire one bullet, 2 bullets, five bullets and I kill you. And at the end, a white judge will let me go unpunished.

This is not the country the Founding Fathers were talking about.

This needs to change now.

Sólo déjame mostrartelo de ésta manera. Vivimos en los EE.UU. Si mi hija, que es blanca (o latina para algunos) fuese un muchacho negro, o si mi prometido, que es un hombre blanco (o un latino para algunos) fuese un hombre negro, estaría muerta de miedo todos los días. Cada vez que salen por la puerta, estaría preocupada pensando que quizás esa puede ser la ultima vez en verlos con vida. ¿Cómo es que esto se está convirtiendo en la “nueva normalidad”? ¿Cómo es que los agentes de policía en otros países civilizados están capacitados para bajar la tensión de las situaciones y en los EE.UU. parecen estar entrenados para matar como una forma de controlar la situación? Imagínate por un momento que los jóvenes y no tan jóvenes negros son tus hijos, tu marido, tu hermano, tu padre. Imagínatelo por un segundo. No estoy defendiendo criminales. De cualquier color o raza. Estoy hablando de racismo en su peor expresión.

Usted es negro, así que supongo que es malo, es peligroso, está armado y quiere hacerme daño. Así que mi corazón se acelera, por lo que tomo mi arma, estoy listo para defenderme, incluso si no me van a atacar, por lo que le disparo una bala, 2 balas, cinco balas y lo mato. Y al final, un juez blanco me deja ir sin castigo alguno. Este no es el país que los Fundadores de la Patria imaginaban. Esto tiene que cambiar ahora.

 

Ataque Terrorista en Paris

Terrorismo en Paris

Photo by Stephan Junillon du Tigny
Lamentablemente esta es la verdad: por más que todas las naciones del mundo condenen los ataques de Paris (y cualquier otro ataque anterior), por más que cantemos “Imagine” de John Lennon tomados de las manos con desconocidos, o encendamos velas y llenemos las redes sociales de mensajes y fotos invocando la paz, el terrorismo seguirá entre nosotros, cada día con mas intensidad. Tengo una hija y espero vivir varias décadas mas. No quiero vivirlas pensando que mi hija, o mis seres queridos o yo, vamos a volar por los aires o morir baleados porque salimos de casa.
Entonces quiero pensar en soluciones. Lo digo hace años. La cada vez más arraigada costumbre de ser “políticamente correctos”, no nos está llevando por buen camino.
Si creen que soy prejuiciosa, que lo crean. Al menos sepan esto: la única amiga a quien llamo “mi hermana” es una libanesa musulmana.

Como en países tales como EEUU somos muy respetuosos de las leyes y de los principios de libertad de expresión y demás, en un aeropuerto un joven que se llame Mohammed con “cara de odiar al mundo” no será revisado antes de embarcar por no “ofenderlo”, mientras mi madre de 90, ha debido en reiteradas ocasiones sacarse sus zapatos, le han revisado su bastón como si fuese un arma secreta de James Bond, la han pasado por la máquina de rayos X y hasta le han revisado las manos en busca de restos de explosivos.

Eso es lo que nos define y nos diferencia de aquellos que nos atacan. Somos respetuosos hasta de nuestros enemigos. Sin embargo es cierto que casi sin excepción, los últimos atentados perpetrados en el mundo (desde el 9-11, hasta Atocha, el avión ruso y Paris) han sido realizados por jóvenes musulmanes islamistas.

Si, ya sé que son solo los radicalizados. Pero estoy en el punto en el que prefiero que me acusen -o nos acusen a todos- de prejuiciosos o de racistas, a ser la próxima victima de una bomba llena de odio político-religioso irracional.
No propongo desde ningún punto de vista que odiemos a aquellos que practican su religión en paz, ni que nos convirtamos todos en un racista Donald Trump a nivel global.
Pero me pregunto algo: aquellos musulmanes que sostienen estar en contra de estos ataques, ¿(por qué no organizan marchas multitudinarias en todo el planeta, repudiando los ataques? Muchos solo se animan a poner mensajes en redes sociales. Muchos no hacen nada. Su silencio los hace ver como cómplices.

Las naciones del planeta deben unirse para terminar con este flagelo. A los tiros o como sea. Y no solamente los países de occidente.
Hace casi 40 años, en 1978, hemos visto a un desertor búlgaro asesinado con veneno inyectado a través de un paraguas con probable ayuda de la KGB. (*)
Diez años después nuestro amigo Vladimir Putin se hizo cargo de esa agencia con el nombre de Servicio Federal de Seguridad.
¿Me van a decir que si Hollande, Obama, Putin y todos los demás lideres del mundo realmente quisieran, no podrían terminar de una vez con estos salvajes asesinos?
Hemos peleado tantas guerras inútiles y mentirosas en los últimos 100 años. Me cuesta y hasta avergüenza decirlo, pero ésta es una guerra que apoyo. No enviando jóvenes soldados al frente a morir, sino usando los recursos y la tecnología que el mundo posee, y jugando a una guerra de guerrillas electrónica y mortal que los de ISIS, Al-Qaeda y demás asesinos fanáticos no pueden ganar. No bombardeando poblaciones enteras que dejan viudas y huérfanos que juran venganza aumentando la cantidad de enemigos. Nosotros jamás los superaremos si seguimos así.
¿Cómo se puede ganarles a quienes envían a felices asesinos a inmolarse con ganas y alegría y cuyas propias madres festejan la muerte de sus hijos mártires?
Por supuesto es cierto que no todos los musulmanes son terroristas y que aquellos que no lo son, son también victimas. Pero con que un pequeño porcentaje lo sea hablamos de una cifra abrumadora.
A partir de 2010, más de mil seiscientos millones o aproximadamente el 23,4% de la población mundial son musulmanes. Es la población religiosa con mas rápido crecimiento.(1)
Si dijésemos que solo un 0,1% de ellos son extremistas o terroristas, llegaríamos a la escalofriante cifra de un millón seiscientas mil personas repartidas por el mundo intentando matarnos. Si la matemática no me falla, estoy aterrorizada.
Lo peor de todo, es que ese porcentaje (mi cifra es arbitraria, puede ser menor o mayor) mantiene bajo un estado de terror al resto de la población de sus propios países. No se ha visto mucha voluntad política de países como Jordania o Arabia Saudita o Kuwait de involucrarse para defender a sus hermanos musulmanes que están siendo aterrorizados en otras naciones y menos a nosotros. Y la Unión Europea bajó de la lista de grupos terroristas a Hamas(2). ¿Que creen que son? ¿La orden de las Carmelitas Descalzas?
Los intereses y las alianzas son más importantes que todos los muertos del terrorismo junto.
La pregunta sería ¿Hasta cuándo?

(*)https://en.wikipedia.org/wiki/Georgi_Markov
(1) http://www.pewforum.org/2015/04/02/religious-projections-2010-2050/
(2)http://www.elmundo.es/internacional/2014/12/17/5491468dca474108458b4578.html

Agrego un resumen de tweets enviados por Dardo Gasparré.
El Islam quiere dominar primero al cercano oriente, luego a Europa y luego al mundo. Para ello, utiliza el mismo concepto que en el siglo VII. Un avance sin miramientos a costa de muertos propios y extraños, niños incluidos.
La Yihad. Usa el Corán como arma y como mandato y quiere imponer su dominación religiosa, ética y política. Ese cambio nace con la revolución de Jomeini contra el Sha de Iran, madura, y estalla con la “primavera árabe”. Hay como un comando central del Islam así concebido, que usa a los países, sus religiones y sus sectas. Lo que no se logra con la política o la diplomacia, se logra con el terrorismo y las decapitaciones. Como en un gigantesco y siniestro sistema de guerrillas, Occidente no sabe contra quién disparar o a quien atacar. Los países árabes pro americanos están presos también de su pertenencia árabe-islámica y del terrorismo de la yihad. La población de esos países es también víctima y rehén del Islam en su nueva concepción. Una especie de mezcla de procedimientos del sistema narco y el sistema de mafias, unido al fanatismo religioso desde la cúpula. El objetivo central del Islam es dominar primero a todos los países árabes e islámicos de Asia y África. Y luego proyectarse a Europa, imponer la Shaira, y crear un Califato único. Tal como lo hizo por 6 siglos desde el VII. Para ello está dispuesto a cualquier extremo. La muerte de propios y extraños es un detalle. Los muertos propios ayudan al martirologio. En ese juego de ajedrez del que son inventores, el Islam usa la emigración forzada a Europa como un arma más. Porque los musulmanes se podrán volver ciudadanos europeos y asimilar sus costumbres y conocimientos, pero seguirán rehenes del islamismo y el Corán. Como se ha visto tantas veces. Y morirán por ese mandato divino. La Yihad, en su concepción moderna, que unifica lo peor del sunismo y el chiísmo tiene una sola interpretación. Es el sacrificio sin límite que todo musulmán debe hacer para imponer el Islam en el mundo. El terrorismo islamita manda a sus niños y hambrientos a morir al frente de combate. Su objetivo es ser imperio. Usa todos los recursos. El terror, la lástima, la fe, la apelación al Corán y su supuesto mandato de predicar y convertir con la muerte. La miseria que creará el bajo precio del petróleo ayudará a los cerebros fundamentalistas a aumentar el éxodo y la presión. Terrible dicotomía, que Occidente no está preparado para comprender, mucho menos para resolver. Ni los estados, ni los ciudadanos. Occidente es golpeado en su flanco más doloroso y débil: su concepción y formación cristiana.

Fotografia de Stephan Junillon du Tigny

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